miércoles, junio 20, 2007

¿quien dijo que el barro era malo?


Fin de semana frío... congelado, que mal panorama, obligado a quedarse encerrado o a salir forradísimo. Y a la ruta más encima porque el cerro está convertido en un barreal después de dos días de intensa lluvia.

Puaj!!, que asco!!, solo amateurs están dispuestos a meterse en ese campo de batalla para volver negros y con la bici echa una miseria. Pero me revelé, me saqué de encima los prejuicios soberbios de hiena correteada y el domingo, tras una mañana no tan fría y asoleada, un almuerzo liviano y tempranero aproveché las primera horas de la tarde para ir a testear el estado del molino. Ya sé que debería haber estado durmiendo siesta, que no hay que dar paso a potenciales usos deshonestos de esas importantes horas (como por ejemplo que te agarren y te lleven a un mall) pero fue un momento de debilidad en el día del padre y me dejé llevar...

Muy curiosa la experiencia... solo como dedo, nadie de nadie, very freack...
Estado de la pista:
Primera etapa, hasta la quebrada: muy bien. Bastante barro pero con huellas laterales que permiten ir haciéndole el quite a las acumulaciones principales. Ya en la quebrada la cosa está más brígida. El esfuerzo para tener algo de tracción es importante y hay que olvidarse de relaciones potentes: todo muy suave evitando patinar. Los neumáticos ya no tienen dibujo y los zapatos están llenos de barro. Empiezas a desear tener los egg beaters.
Segunda etapa, garganta del diablo: excelente. Aquí hay bastantes piedras y el suelo drena bien. La bici subió como gato, nada que decir.
Tercera etapa, hasta el árbol que se sube por la izquierda antes de la subida de las raíces. Durísimo. Aquí no había drenado nada y pedalear era muy difícil, al punto que la subida final (rodeo por la izquierda) estaba imposible. Me tiré derecho por la pared, ligeramente tirado a la derecha, a lo mero macho. La estrategia funcionó, el pasto entregó algo de tracción y pude llegar casi hasta la cumbre antes de patinar.
Cuarta etapa, subida de las raíces: imposible. El barro impedía el pedaleo, le busqué por la izquierda, más a la izquierda del desvío nuevo pero igual no hubo caso... Me dio lata caminar hasta arriba así es que emprendí la vuelta.
La bajada hubo que hacerla con cuidado porque la bici se puso muy loba con tanto barro. El agarre era casi nulo pero igual se disfrutó y me saqué de encima las ganas de pasar por el cerro el finde... ahora: derechito a la cama que la siesta no me la pierdo ni cagando... y menos en el día del padre.

1 Comments:

At 5:22 p. m., Anonymous Anónimo said...

buen artículo.........HG

 

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